miércoles, 10 de septiembre de 2014

Conozco tus peores debilidades, tus dolores más internos. Conozco tus secretos, tus miedos, sé cómo hacerte llorar y cómo hacerte reír. Te miraba a los ojos y ya sabía lo que te pasaba. Cada caída tuya fue suficiente para alejarme de mi vida y estar pendiente de la tuya, de vos. Cuando nadie estuvo, estuve yo. Todo lo que nunca te animaste a decirle a tus "amigos", lo supe yo. Y te entendí, y te amé así, como realmente sos.
Y vos no fuiste capaz de preocuparte de mí ni cuando te dije que mi papá tenía problemas del corazón.
Ni de mis 56 kg.
Ni cuando me rompiste, por primera vez, el corazón.

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